jfjfP. Pegueros: “¿Juan Pablo I, párroco del mundo?... ¿En qué sentido se le llama así?... ¿Cuáles son las notas características de la espiritualidad de este Papa?... ¿Qué mensaje nos ha dejado en herencia a la Iglesia de hoy?... ¿Pronto será canonizado?... Saludos…”

Familia Torres-Catalán (Quiroga, Mich.).

Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912 en Canale d’Agordo, pueblecito cercano a Belluno, norte de Italia. Era el mayor en una familia pobre que tuvo necesidad de emigrar a Suiza en busca de trabajo. Cuando regresaron a su pueblito, el papá consiguió trabajo en Murano, una isla frente a Venecia, en una fábrica de vidrio artístico.

Albino entró en el Seminario de Belluno y fue ordenado de sacerdote del Señor el 7 de julio de 1935, antes de cumplir 23 años. Ese mismo año, su Obispo lo mandó a Roma y consiguió el Doctorado en Teología en la Universidad Gregoriana.

A su regreso, en 1937, lo nombraron vicario de la parroquia de su pueblo natal y dos años después vicerrector del Seminario de Belluno, puesto que desempeñó, junto con otros encargos, hasta que en 1958 San Juan XXIII lo nombró Obispo de Vittorio-Veneto y el mismo Papa lo consagró en Roma, junto con otros Obispos.

Albino Luciani confesó varias veces su sueño se ser párroco, nunca lo fue hasta que el Espíritu Santo lo eligió para ser “párroco del mundo” en la sucesión de la Cátedra de San Pedro, como el Buen Pastor, a la imagen de Cristo. El año 2000, Andrea Tornielli y Alessandro Zangrando publicaron un libro con el título de Juan Pablo I el párroco del mundo.

Aunque duró apenas 33 días como Papa y su vida siempre fue la de un cristiano sencillo, fue como una pequeña vela encendida para el mundo. San Juan Pablo II, al día siguiente de su elección como sucesor suyo, al dar su primera bendición Urbi et Orbi (para la Ciudad y el Mundo), dijo: “¡Qué llama de caridad, qué oleada de amor salieron de él en los pocos días de su ministerio!”

Sus principales características de una vida espiritual intensa: nos encontramos con un verdadero sacerdote según el Corazón de Cristo; un sacerdote y un obispo consagrado a la salvación de las almas. No hubo en él ninguna diferencia entre su vida personal y lo que enseñaba a los demás, de palabra o con sus escritos. Vivió siempre con mucha fidelidad su vocación desde seminarista, pasando por su sacerdocio, su ministerio episcopal y de Pontífice Romano. Se puede decir que toda su vida fue un continuo empeño por conocer el Evangelio de Cristo como única verdad, más allá de todo cambio histórico.

El menaje que nos heredó es no dejar de buscar una Iglesia siempre cercana y atenta a las realidades humanas, especialmente de los más pobre y necesitados; una Iglesia centrada en dar a conocer el tema evangélico de la misericordia.

Ha sido declarado Siervo de Dios por San Juan Pablo II y Venerable por el Papa Francisco. El siguiente paso es la Beatificación. Todos esperamos que sea pronto.