¿María es Madre de la Iglesia?

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“P. Pegueros: ¿María es Madre de la Iglesia?... ¿Cuándo comenzó a dársele este título?... ¿En qué sentido la Iglesia la reconoce como Madre?... ¿Cómo ayuda la Virgen María a toda la Iglesia?... bendíganos, Padre…”

Familia Salazar-Villalobos (La Piedad, Mich.).

El Concilio Vaticano II, después de haber proclamado a María “miembro muy eminente”, “prototipo y modelo” de la Iglesia, afirma: “La Iglesia Católica, instruida por el Espíritu Santo, la honra como a Madre amantísima con sentimientos de piedad filial” (LG 53).

Recoge así el Vaticano II, textualmente, la declaración que había hecho Benedicto XIV, en el año 1748. Aunque el título de Madre de la Iglesia no aparecía con frecuencia, no se puede decir que sea sustancialmente nuevo. Últimamente es más común en las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y en la piedad del pueblo cristiano.

El Beato Pulo VI, al clausurar la tercera etapa del Concilio, el 21 de noviembre de 1964, hace esta declaración: “Para gloria de la Virgen y para consuelo nuestro, proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, de todo el Pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores…”.

En el Concilio se destacaron dos propuestas: una, incluir el tema de María en el documento sobre la Iglesia y otra, que se elaborara un texto aparte. El 29 de octubre 1963, se realizó la votación, la más reñida de la historia, por 1,114 votos contra 1,074 se decidió que el tema de María sería incluido en la Constitución sobre la Iglesia.

Paulo VI, abiertamente, había deseado que el Concilio hiciera esta declaración; pero reconoce agradecido los diversos títulos que aparecen EN el documento conciliar sobre María: “Madre de los miembros de Cristo”, “Madre de los hombres”, “Madre de los vivientes”, “Ella tiene un papel maternal en relación con todos los hombres”, “María viene a ser en el orden de la gracia nuestra Madre”, “Madre de Dios y de los hombres”.

En el Evangelio de San Juan (19,25-27), Cristo en la Cruz nos entrega a su Madre, en la persona de Juan, como Madre de todos nosotros. La Iglesia como una institución no necesita una Madre, pero como ser viviente, como miembros vivos del Cuerpo Místico de Cristo, que es nuestra Cabeza, tenemos como Madre a la misma Madre de Jesucristo.

El Evangelista San Lucas habla de la presencia de la Madre de Jesús en el seno de la primera comunidad de Jerusalén (Hch 1,14). Subraya así la función maternal de María respecto a la Iglesia naciente, en situación parecida a la que tuvo en el Nacimiento del Redentor. Así, la dimensión materna se convierte en elemento fundamental de la relación de María con respecto al nuevo pueblo de los redimidos.

Siguiendo la Sagrada Escritura, la doctrina de los Santos Padres reconoce la Maternidad de María respecto a la Iglesia. San Ireneo († 200) escribe: “María se ha convertido en causa de salvación para todo el género humano”.

En la tierra, la Virgen ayudó a la Iglesia con su oración. En el Cielo sigue intercediendo y alentándonos con el ejemplo de su fe y entrega.