¿Cómo evitar distracciones en la oración?

0723 la oracion de cornelio

P. Pegueros: “¿Cómo evitar distracciones en la oración?... ¿Por qué no logro concentrarme cuando me pongo a rezar?... ¿Por qué se dice que la oración es un combate?... saludos…

Juan Arreola Nava (Morelia).

El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2729) nos enseña: “La dificultad habitual de la oración es la distracción. En la oración vocal, la distracción puede referirse a las palabras y al sentido de éstas. La distracción, de un modo más profundo, puede referirse a Aquel al que oramos, tanto en la oración vocal (litúrgica o personal), como en la meditación y en la oración contemplativa. Salir a la caza de la distracción es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en la oración: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir (Mt 6,21-24).

Este párrafo tan profundo nos recuerda dos verdades importantes. La primera es resistir la tentación de combatir las distracciones durante la oración para eliminarlas. Como resultado pasamos nuestra oración enfocados en las distracciones y no en Dios.

La segunda es establecer nuestras prioridades. Si colocamos la oración por delante de todas nuestras tareas que tenemos, nuestra mente sabrá cuál es lo más importante para nosotros y se enfocará en eso.

Todos nos distraemos. San Bernardo tiene un hermoso cuento. Viajaba el santo con un pobre campesino que le decía: “Yo nunca estoy distraído cuando rezo”. San Bernardo le dijo: “Yo no lo creo. Vamos a hacer un trato. Si puedes rezar el Padrenuestro sin una distracción, te voy a dar esta mula en que voy montado. Si fracasas, te vienes conmigo para ser monje”. El granjero aceptó y comenzó diciendo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…” Se detuvo y luego preguntó: “¿Eso incluye la silla y también el aparejo?

Las distracciones pueden venir de nosotros mismos o de fuera, pero siempre el diablo trata de hacerlas más grandes. Es natural que nos distraigamos en la oración. El manejo más simple, como recomienda el Catecismo, es reconocer el pensamiento de distracción y dejarlo ir. A veces lo que nos distrae ofrece una oportunidad de unión: hay que examinar si el objeto de distracción puede ser algo por lo que se necesite orar.

Hemos de convencernos de que rezar exige trabajo y disciplina. Tenemos que ayudarnos eligiendo la hora, el lugar, la postura y el ambiente más adecuado. Exige también voluntad que nos lleve a repetirnos: “Yo quiero rezar y quiero hacerlo bien”. Y además exige atender al Huésped de nuestras almas: “Cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto…” (Mt 6,6). Dios habita en nosotros desde nuestro Bautismo, nosotros somos morada de Dios y un huésped merece atención.

San Francisco de Asís, cuando entraba a la Iglesia para la Misa o para rezar, decía: “Pensamientos mundanos o frívolos, quédense en la puerta hasta que yo vuelva”.