jdjdfP. Pegueros: “¿Qué enseña la Biblia sobre la Ley?... ¿Jesucristo suprimió o hizo más estrictas los mandatos del Antiguo Testamento?... ¿En qué sentido perfecciona la Ley y la lleva a su cumplimiento?... Bendíganos, Padre…”

Familia Camarillo-Ortega (Morelia).

En tiempos de Cristo, los hebreos, a pesar de sus muchas divisiones, todos estaban de acuerdo en la importancia de la Ley de Moisés y del Templo (la Toráh). Especialmente los fariseos urgían el cumplimiento minucioso de las reglas y acusan al joven rabino venido de Nazaret de violar y despreciar la Ley.

La posición de Jesús es muy original y no puede calificarse como que todo está permitido; es más, en ciertos aspectos, es mucho más exigente en lo que verdaderamente es la voluntad de su Padre: “No piensen que Yo he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento” (Mt 5,17). Para aceptar de corazón el Reino de Dios, se necesita una justicia superior a la de los escribas y fariseos.

Después del Sermón de la Montaña, Jesús usa la frase: “Oyeron… pero Yo les digo más…” para hacer radicalizar las enseñanzas de la Ley antigua de Israel y revelar las exigencias de perfección contenidas en la voluntad de Dios. “Han oído que se dijo: ‘No matarás’… Pero Yo les digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio” (Mt 5,21).

Jesús retoma la Ley y la perfecciona. Cuando le preguntan sobre cuál es el mandamiento más importante, contesta: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante al primero: ‘Amarás al prójimo como a ti mismo’. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y todos los Profetas” (Mt 22, 37-40).

Hoy en día, hay una tendencia muy marcada, aun entre los cristianos, que afirma que el hombre puede y debe trabajar por una vida plenamente lograda, prescindiendo de Dios y de sus leyes morales. El Papa Emérito Benedicto escribe: “En realidad, el Creador ha inscrito en nuestro mismo ser la ‘ley natural’, reflejo de su idea creadora en nuestro corazón, como brújula y medida interior de nuestra vida. Precisamente por este motivo, la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia nos dicen que la vocación y la plena realización del hombre no consisten en el rechazo de la ley de Dios, sino en la vida según la nueva ley, que consiste en la gracia del Espíritu Santo” (27 de abril de 2006).

Cuando el pueblo de Israel recibió los diez Mandamientos, Moisés los llamó el Decálogo, es decir, Diez Palabras de Yahvé Dios. Son palabras que Dios revela a su pueblo para que encuentre así su felicidad y su perfección. No se trata de una carga, sino de un camino para una vida alegre y feliz. Dios, que nos ama, nos muestra su voluntad, y si nosotros lo amamos, obedecer su ley será verdadero descanso para nuestras almas.