gdgsgdhdhPadre Pegueros: “¿Qué es la virtud de la Religión?... ¿Cuáles son los actos con los que se manifiesta esta virtud de la Religión?... ¿Dónde se encuentra esta virtud en el Catecismo?... ¡Que el Señor lo bendiga y lo guarde!…”

Carlos Tolentino Soria (Zacapu, Mich.).

La Religión es la virtud moral que inclina al hombre a dar a Dios el respeto, el honor y el culto como Creador amoroso, principio de cuanto existe y Quien gobierna los ángeles, el hombre y todo aquello que ha salido de sus manos. “Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno” (Gn 1,31).

En la Sagrada Escritura, la Creación se presenta como el inicio de una historia de salvación, que significa una relación mutua entre Dios y el hombre. Dios creó todo por amor y al hombre lo hizo a imagen y semejanza suya, capaz de amar. Después del pecado original, su designio de salvación apunta a una nueva creación (Rm 8,18-23) para hacer de cada ser humano “una nueva creatura en Cristo”.

Las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, regalo de Dios en nuestro Bautismo, tienen como objeto directo a Dios creído, esperado y amado; por ellas, el hombre se une íntimamente a Dios, establece un contacto directo con Él. En cambio, el objeto propio de la virtud de la Religión son los medios para dar gloria a Dios, los actos internos y externos de culto, a partir de que el hombre reconoce su condición de criatura frente a su Creador.

Esta virtud de la Religión se encuentra en el primer mandamiento de la Ley de Dios, que Jesús nos presentó como el resumen de los deberes del hombre para con Dios: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mt 22,37). Y los judíos aprendieron, a renglón seguido, la llamada solemne: “Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás”.

El Catecismo de la Iglesia Católica propone, como actos específicos de la virtud de la Religión: la adoración, la oración, el sacrificio y el culto.

Adorar a Dios es el primer acto de la virtud de la Religión. Adorar a Dios es reconocerlo como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso.

La oración humilde y sincera agrada a Dios. La elevación del espíritu hacia a Dios es una expresión de nuestra adoración: oración de alabanza y de acción de gracias, de intercesión y de súplica. Para poder cumplir la voluntad de Dios es indispensable la oración. “Es preciso orar siempre y no desfallecer” (Lc 18,1).

Es justo ofrecer a Dios sacrificios en señal de adoración y de gratitud, de súplica y de comunión. El culto que el hombre tributa a Dios alcanza su plenitud en la Eucaristía. En ella los cristianos, por Cristo, por Él y en Él, en la unidad del Espíritu Santo, podemos dar al Padre todo honor y toda gloria. Es “adorar al Padre en espíritu y en verdad”.