bibibPadre Pegueros: “¿Qué significa el Mar en la Biblia?... ¿Qué simbolismos presenta para la Sagrada Escritura esta creatura de Dios?... ¿A la luz de Cristo, nosotros cómo hemos de ver el Mar?... que Dios lo bendiga…”

Familia Barajas-Hernández (Morelia).

Los israelitas, a diferencia de los griegos y de los fenicios, no eran un pueblo de marinos, pero encontramos que la palabra Mar (“Yam”, en hebreo), aparece en el Antiguo Testamento más de trescientas veces. Podemos imaginar lo que significaba para un israelita fervoroso recitar en los salmos: “Suyo es el mar porque Él lo hizo”; “Dios hizo el mar y cuanto hay en él”. Era un verdadero acto de fe en Dios creador de todo cuanto existe y Dios único que tiene poder para dominar el mar lleno de peligros constantes para el hombre,

En la época del Nuevo Testamento, eran un hecho frecuente los viajes por el mar. Jesús reprocha a los fariseos hipócritas que “recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacen hijo de condenación el doble de ustedes” (Mt 23,15). Pablo, judío de la dispersión, hallaba muy natural surcar el Mediterráneo (el “mare nostrum” de los romanos) para anunciar el Evangelio de Cristo.

Desde los inicios de la humanidad, el pueblo de Israel vio en el mar un símbolo religioso del poder de Dios sobre todo lo creado. Yahvé Dios “separa las aguas de arriba de las aguas de abajo”, divide el mar de la tierra firme y le pone un límite que no puede traspasar; encuentra un camino en el Mar Rojo para que su pueblo pueda salir de la esclavitud que vivía en Egipto. Para los israelitas, y más tarde para los cristianos, esta creatura tan inmensa y maravillosa es hechura de las manos creadoras de Dios. Al hombre le encomienda el cuidado que se debe conceder a esta parte tan importante de la Creación.

Un sentido simbólico muy especial sobre el mar lo encontramos en el Apocalipsis de San Juan. Aparece como elemento esencial de la Creación y como espacio necesario para la vida de los hombres. Desaparecerá con la llegada de cielos nuevos y tierra nueva. Y formará parte de la gloria como el mar cristalino.

Cristo estuvo en contacto con el llamado Mar de Galilea, de Tiberíades o de Genezaret. No es un mar propiamente dicho. Es un lago del Río Jordán que tiene 12 kilómetros de largo por 12 kilómetros de anchura máxima. Pero todo el lago está a 208 metros bajo el nivel medio del mar. Lo cual produce concentración alta de sal porque el calor descompone el agua y también produce mareas altas y bajas junto con verdaderas tempestades. Todo esto hace que se le llame mar.

En esta área encontró Jesús a sus discípulos que dejaron de ser pescadores para pescar almas. Caminó sobre sus aguas y desbarató sus tempestades. En sus riberas multiplicó los panes y los peces. Galilea es la cuna del cristianismo.

Nosotros seguimos rezando llenos de admiración y gratitud: “Mares y ríos, ¡bendecid al Señor!”