12y13 1de1 21Juan Luis Valdovinos Anita y Alberto Calderón Ramírez

“Queridas hijas peregrinas, como cada año, ustedes han caminado desde todas las regiones de nuestra querida Arquidiócesis de Morelia y han recorrido los caminos entre sacrificios y cansancios, entre cantos y experiencias alegres, hasta llegar a este valle del Anáhuac, para visitar, con un corazón colmado de gratitud y amor, a María, la Santísima Virgen de Guadalupe”, expresó el Sr. Arzobispo D. Carlos Garfias Merlos en la Eucaristía que culminó la Peregrinación Femenil de a Pie al Tepeyac, el pasado domingo 11 de agosto en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de la Ciudad de México.

Del 30 de julio, al 11 de agosto, más de 10,500 mujeres de diversas parroquias del Arzobispado realizaron esta travesía de fe: caminar desde sus comunidades hasta el Santuario de la Virgen de Guadalupe, sorteando intensas lluvias, desveladas, calor y grandes peligros en su periplo, el cual concluyó el domingo 11 de agosto por la madrugada, cuando arribaron a la Casa de la Morenita del Tepeyac, para poner en sus manos, sus esfuerzos, sacrificios y gratitudes.

En punto de las seis de la mañana, el Sr. Arzobispo D. Carlos Garfias Merlos, acompañado del Obispo Auxiliar † Carlos Suárez y unos 18 sacerdotes, presidió la Eucaristía de acción de gracias con la que culminó la peregrinación. “Con gran alegría y profunda esperanza nos encontramos en esta Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de México y Latinoamérica; todos hemos peregrinado hasta este lugar santo para manifestar nuestra fe en el Dios único y verdadero, en el Dios “Señor del Cielo y de la Tierra”, en el Dios de Jesucristo, cuya Santísima Madre es, también, Nuestra Madre”, destacó don Carlos en la celebración matutina.

El Pastor Diocesano recordó a las miles de peregrinas, que durante todo su caminar siempre estuvieron acompañadas por la protección amorosa de la Santísima Virgen, “son muchos los sentimientos y emociones que se albergan en sus corazones: alegrías, gozos, ilusiones y sueños, junto a penas, aflicciones, dolores, sufrimientos, llantos, preocupaciones y desesperanzas…; sin embargo, no han estado solas, Nuestra Madre del Cielo las ha acompañado, consolado, fortaleciéndolas con su intercesión y, ciertamente, les ha escuchado. Por eso, hoy vienen nuevamente a darle gracias y a reconocer su auxilio y protección maternales”, puntualizó.

Asimismo en la Santa Misa, Mons. Garfias Merlos exhortó a las peregrinas a pedir al Señor por la intercesión de la Virgen María, la gracia de tener un corazón sencillo, la gracia de la paciencia, la gracia de luchar y trabajar por la justicia, de ser misericordiosos, de construir la paz, de sembrar la paz, de ser constructores de paz, de unidad y de armonía. “Hoy aquí, en el Tepeyac, pidamos a Nuestra Madre, que con su presencia siga curando el dolor de sus hijos, las heridas de nuestros pueblos; que siga alentando el camino de la esperanza, que continúe animándonos en nuestra lucha a favor del bien, que no nos abandone en el largo, pero prometedor camino de la construcción de la paz”, dijo.

Y concluyó, “llevémonos de esta visita a la Basílica, grabados en nuestros corazones, la mirada tierna y la palabra dulce de María de Guadalupe, llevémonos su mensaje reconciliador y fraternal, para que sea aliento en nuestra vida cristiana. Que el regreso a nuestros hogares y comunidades sea alegre, lleno de confianza y esperanza, sintiendo la renovación y el llamado a ser mensajeros de la misericordia divina...”.